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Logros Iniciales
Logros iniciales
Decía que la Universidad Tecnológica tiene varios hitos en el país. En primer lugar, fue la tercera universidad que tuvo Secretaría Académica. Cuando yo llegué aquí ninguno tenía idea de la administración universitaria. Yo venía de la rectoría de bachillerato y allí había adquirido alguna experiencia. Y Roa Martínez me dijo, váyase y conozca las secretarías académicas de todo el país. Llegué a la Nacional y me atendió el Dr. Zorro Huertas, con el permiso del Decano. Yo iba con una presentación del Dr. Roa y me dijo, hable con el Deca-no, a pesar de que tiene fama de ser muy bravo. Pero le caí bien, yo estaba muy muchacho. Como el Dr. Zorro era el Secretario Académico, entonces me mos-tró todo el proceso de su gestión administrativa, me dio muchos consejos, en-tre otros, pedir la hoja de vida de los profesores, sus certificados académicos, porque ya habíamos tenido problemas aquí y me contó la dificultad que tuvie-ron con un profesor de medicina. Cuando a este señor, hijo de un arrendatario de finca, le pidieron los certificados, arguyó que no sabía nada de ellos, que nunca antes nadie había hecho tales exigencias. Lo curioso es que era el mejor profesor de anatomía. Con base en este tipo de experiencia fundamos la Secre-taría Académica, aplicando la experiencia de otras universidades al respecto.
De otra parte, nuestra Universidad fue la segunda en el país en establecer el sistema de créditos en los planes de estudio, después de la de los Andes. Por-que Chaparro y Oliveros se habían educado en Estados Unidos sobre la base de los Estudios Básicos, con esa modalidad de los créditos.

Pero volvamos al asunto de la Secretaría Académica. Yo en realidad no sabía cómo funcionaba una Secretaría de tales magnitudes. Las universidades Na-cional y de los Andes tenían Secretaría Académica. La Industrial de Santander todavía no tenía la Secretaría General con las dos funciones: académica y ad-ministrativa. Eso se volvía tremendo, pues tanto que cuando yo llegué aquí y empecé a organizar la Secretaría Académica, pedí los listados de calificacio-nes y todo eso estaba en cajones, como parte de la Secretaría General. Logré encontrar los documentos extraviados de 61 estudiantes. Con la experiencia que durante ocho días obtuve en la Nacional, del funcionamiento de su Secre-taría Académica, implementé una serie de estrategias. Traje los formularios, los cartones de allá, toda esa cosa. En ese tiempo no había todavía computa-ción, todo se trabajaba a puro pulso. Yo tenía dos ficheros similares a los de correspondencia. La Secretaría Académica codificó las materias: el primer nú-mero correspondía al semestre; el segundo a la carrera, el tercero a los crédi-tos y el otro número a la facultad. Se hizo un pénsum de tal manera que se correspondieran al colocar una ficha sobre otra y coincidieran. Todo el carril de matemáticas uno estaba en el carril uno y después se enganchaban con las facultades y con las materias afines que exigían más matemáticas.
Luego ve-nían las químicas, luego los dibujos, las humanidades. La asociación de uni-versidades logró implementar un sistema que era una especie de tenedor: uno tomaba la tarjeta del estudiante y perforaba, sobre todo para datos de dónde venía el estudiante, edad, sexo y demás indicadores de hoja de vida. Todo esto se archivaba como en un cajoncito, donde seleccionábamos la información con el famoso tenedor. Entonces uno metía el tenedor por los huequitos, sacudía y salían todos del terreno de las diferentes facultades y así trabajábamos. Estas Mréficks...11._organizábamos alfabéticamente, para luego sacar listas en má-quinas manuales. Luego vino la tarjeta perforada del centro de cómputo, pero era un sistema muy duro. Ya seguí metiéndole cositas a las tarjetas, las fui cambiando, hasta que después la Asociación del ICFES tomó el sistema de nosotros como en un 60% y lo dio como referencia a todas las universidades.
Después yo organicé la estructura académica de la Universidad del Chocó y del Llano. Fui con Javier Arroyave cuando éra decano. En la Católica de Risa-ralda el director académico era egresado de aquí. Él llevó el modelo de todas las tarjetas e hizo la aplicación respectiva en su universidad.
Otro de los logros de aquel entonces fue acabar con las entrevistas de admi-sión, que sumaban como siete. Yo propuse que se acabara eso y la Asociación de Universidades por fin lo abolió. En realidad se trataba de un sistema para admitir estudiantes. Las universidades llevaban su ficha en donde tenían su plan de admisiones. Otros, los nuevos, nos habíamos acogido al plan del ICFES, las pruebas de Estado como examen de admisión y aquí le dábamos el valor de acuerdo a la carrera escogida por el estudiante. A cada nota de asignatura le dábamos el valor de acuerdo a la carrera que pretendía asumir el estudian-te. Si era para ingeniería, le dábamos más valor a matemáticas. Yo siempre planteaba que eso era muy relativo. Porque aquí tuvimos un montón de facto-res de admisión que en la práctica eran desvirtuados.